CUESTIONES DE SALUD (Y DE OLORES)
Interesante tema del que todos deberíamos tener conocimiento
(Bien dicen.... mas vale perder un amigo que una tripa!!)
Que es lo que hace que los pedos tengan olor?
El olor de los pedos proviene de pequeñas cantidades de Sulfuro de Hidrógeno y Azufre (Ácido Sulfhídrico) libre en la mezcla. Cuanto más rica en Azufre es su dieta, más de esos gases van a ser producidos por las bacterias en su intestino, y más hediondos serán sus pedos. Alimentos como cebolla, coliflor, huevos, son notables por producir pedos apestosos.
Por otro lado, por ejemplo, las caraotas o frijoles, producen grandes cantidades de pedos, aunque no necesariamente hediondos.
¿Porqué los pedos hacen ruido?
Los ruidos son producidos por la abertura anal. El ruido depende de la velocidad de expulsión del gas y de cuan estrecha sea la abertura de los músculos del esfínter anal. En términos populares, un culito bien apretado va a tronar más fuerte. Por eso aquello del pedo sorpresa, que a pesar de tratar de sacarlo 'soplado' (silencioso), sale bien tronado ante las caras perplejas de los demás (como si ellos nunca se hubieran tirado uno y fueran 'extrapedestres')
¿Cuánto gas produce una persona normal?
En valores promedio, una persona produce el equivalente a cerca de un litro de pedos por día, (Vaya si somos una cajita de Sorpresas, más bien una caja de pedos, así que suéltenlos o van a explotar como globos) distribuidos en aproximadamente ¡14 pedos diarios!... así es, ¡ni lo nieguen!.
A ver, haciendo cuentas, somos 6 mil millones de habitantes en la tierra, esto es 6 mil millones de litros de pedos POR DÍA, casi 90 mil millones de pedos por día. Que ya no le busquen los científicos, ahí está el 'pedo' del calentamiento global y el efecto invernadero.
Puede ser difícil para Ud. determinar el volumen de sus pedos diarios, pero Ud. puede estimar cuántas veces al día se tira pedos.
Piense en esto como en un pequeño experimento científico:
Anote todo lo que come y cuente el número de veces que Ud. se tira un pedo.
Además puede anotar ciertas consideraciones sobre el olor de sus pedos. Descubrirá una relación causal entre lo que come y el hedor de sus pedos.
¿Cuánto tarda hasta que el pedo llega a la nariz de alguien?
Depende de las condiciones atmosféricas, humedad y velocidad del viento, también de la distancia entre las personas. Los pedos también se dispersan; su potencial nauseabundo disminuye con la dilución.
Hay quien presume de poderes sobrenaturales, como hacer 'levitar' o volar las sábanas de la cama. En realidad sólo es un pedorro potente y, muy posiblemente, próximo divorciado por intento de asfixia, piénsenlo, ¿acaso no son los pedores?, los más difíciles de dispersar, parecen 'pegajosos'.
Condiciones excepcionales existen cuando el pedo es liberado en un área pequeña y cerrada, como un ascensor, un cuarto pequeño o dentro de un automóvil, porque esas condiciones limitan la cantidad disponible del diluyente (aire) y el pedo va a permanecer en una concentración que permitirá su percepción, por más tiempo, hasta que se condense en las paredes.
¿Algunas personas nunca se tiran un pedo?
No. Si una persona está viva, se tira pedos, ¡seguro!, aquí no hay excepciones ni milagritos. Algunas personas, está comprobado, se tiran pedos horas después de fallecidas.
¿Los hombres se tiran pedos más que las mujeres?
¡Nada más falso! Las mujeres se tiran pedos tanto como los hombres. El caso es que los hombres tienen menos vergüenza; por el contrario, bajo ciertas circunstancias, es un orgullo tirarse pedos más sonoramente, más veces y más olorosamente que otros.
¿En qué momento se está más propenso a tirarse pedos?
De hecho, durante las mañanas, cuando está en el baño. Esto es conocido como 'Cantata Matinal'. Si es Ud. un 'gentleman', puede conseguir una buena resonancia y ser oído en toda la casa. Aquí entre nos, con tantos problemas en la vida diaria, ¿acaso no es un inmenso placer reventarse una buena batería de pedos bien sonoros en la mañana?. Sin duda se disfruta tanto o mas como el estirarse.
¿Las Caraotas (conocidos como frijoles, habichuelas, porotos, beans, etc.) hacen que las personas pedorreen que jode?
Los frijoles contienen azúcares que los humanos no pueden digerir. Cuando esos azúcares llegan a nuestros intestinos, las bacterias hacen una fiesta y producen mucho gas. Otros productores notables de pedos son:
- El maíz, la pimienta, el repollo y la leche.
¿El pedo es un eructo que salió del lado equivocado?
No. La frase 'El eructo es un pedo que tomó el ascensor' es puro folklore. El eructo viene del estómago y tiene una composición química diferente a la de un pedo. Los pedos tienen menos aire atmosférico y más gases producidos por bacterias.
¿Es posible 'encender' los pedos?
La respuesta es sí. Normalmente los pedos incluyen Metano e Hidrógeno, ambos gases inflamables. Por esto, Ud. debe tener en cuenta que intentar la ignición de un pedo puede ser peligroso. No sólo la llama puede retroceder y subir nuevamente por su colon, sino que también su ropa o lo que estuviese cerca, puede prenderse. Las estadísticas confirman que cerca del 25% de las personas que lo intentaron, quemaron sus nalgas y los pelos del culo. Los pedos, curiosamente, tienden a producir llamas azules o amarillas.
¿Es normal que a uno le guste tirarse pedos?
Sí. No obstante, si una persona se tira pedos en una cantidad que le trae problemas, debería consultar con su médico de inmediato.
¿Otros sienten más el olor que el propio autor?
El pedo debería (en teoría) oler tanto para el que lo emite como para las otras personas, pero quien lo hace tiene una ventaja por el hecho de haberlo propulsado lejos de su cuerpo, en dirección opuesta a su nariz.
Sin embargo, tirarse pedos contra el viento, anula esa ventaja.
¿A dónde van los pedos que aguantamos? ¿Cuántas veces uno se aguanta un pedo, pretendiendo soltarlo en la primera oportunidad apropiada, y después descubre que ha desaparecido? ¿En realidad salió lentamente, sin que la persona se diera cuenta? ¿Fue absorbido por la corriente sanguínea? ¿O qué es lo que en realidad pasó?
Los médicos están de acuerdo en que el pedo no es ni liberado ni absorbido. Simplemente vuelve a los intestinos y sale luego. Esto reafirma el hecho de que los pedos no se pierden ni se destruyen sino que sólo se 'demoran'.
lunes, 22 de febrero de 2010
sábado, 20 de febrero de 2010
EDUCACION
CÓMO HA CAMBIADO LA EDUCACIÓN
Hecho: Un par de niños se enfrascan en un pleito en el interior de la escuela y se retan a la hora de la salida.
1968:la chocan para la salida, se ven afuera, lejos de la mirada del regente o de los auxiliares ;trazan una raya en el suelo y un amigo dice: a ver, ¿quién pisa primero la rayita?, o : quién toca primero la barbita?. Luego un par de empujones, un par de palabrotas aprendidas en la mejor escuela de la calle donde las más abolladas resultan las madres, un par de revolcones, y todo resuelto. Se paran sacudiéndose los pantalones, se dan la mano, y de nuevo amigos.
1977:
Afuera de la escuela, se forma un grupo numeroso de espectadores, pero los contendientes se la pasan empujándose uno a otro solo lanzándose retos. Al día siguiente están jugando juntos otra vez .
2010:
La directora manda hablar a sus padres y les explica la violencia en la que vive la juventud hoy en día. Recomienda terapia para ambos niños. Les sugiere a los padres que lean un libro, que se llama: "Cómo controlar la ira de tus hijos ", escrito por la Lic . Josefina Leroux.. Se establece una conferencia magistral de valores en la "Escuela para Padres"
Hecho: Sonaba el timbre de salida en la escuela.
1968:
Salíamos en tropel a la “canchita de fulbito “ (digo; es un decir, diría Vallejo) y hacíamos los arcos acomodando nuestras mochilas de trapo en el suelo; jugábamos hasta que nos daba la noche ¡ porque ganaba el equipo que hacía primero la cantidad de goles acordada ! (por lo tanto, no había cuando acabar gracias a los picones que anulaban todos los goles que podían y así se nos pasaba el almuerzo, la cena y lo único que ingeríamos era la naranjada que llevábamos en la botella de gaseosa bien taponeada con un pedazo de papel; hasta que nos iluminaba la luna y venía algún papá con una contundente correa que la estampaba en las nalgas de un hijo, y recién se terminaba el partido.
1977:
Salíamos corriendo acalorados a comprar paletas de hielo de sabores que vendía Don Pancho, el señor del carrito con los helados. Y nos íbamos caminando a casa, bromeando, jugando al trompo o a las bolitas antes de llegar a comer.
2010:
Las maestras no dejan salir a los niños si sus padres no están afuera con un “fotocheck” autorizado y firmado por la directora. Don Pancho, el vendedor, fue chequeado por la APAFA, buscándole si no es narcomenudista. El departamento de rentas del municipio, le retiró su carrito de golosinas, porque no tiene permiso para vender. Salud Pública le ha prohibido que se establezca a menos de 100 metros alrededor de la escuela.
Hecho: El maestro está dando clases, y es interrumpido por las burlas de Pepito, 'el payaso del salón'.
1977:
El maestro le zampa dos reglazos en las manos a Pepito y lo levanta de la oreja para dejarlo en el rincón por una hora. A la hora de la salida, le dice el maestro a su papá lo que pasó. En casa le dan otra 'calentadita' y lo dejan castigado por una semana. Pepito no vuelve a burlarse della maestro nunca más.
2010:
El maestro sonriente le dice a Pepito lo inapropiado que es burlarse de la gente, y lo conmina a que no vuelva a suceder. Al día siguiente, los papás de Pepito solicitan ver al Director, pues el maestro ha "traumado" a su hijo irreversiblemente, pues le avergonzó por haberle reprendido 'delante' de todos sus compañeros. El profesor va a la Dirección Regional de Educación procesado y finalmente, es suspendido y después reasignado a una escuela en el campo.
Hecho: Llega un niño nuevo a la escuela que viene del Campo. Pepito empieza a llamar delante de todos al recién llegado: "montubio".
1977:
Pepito es parado enfrente del grupo para que pida disculpas al niño, y le encargan al día siguiente tres planas de 'Debo respetar a mis compañeros de clase'. Además de llevar una composición de 1000 palabras sobre la obra “Paco Yunque” de Cesar Vallejo. Es la última vez que Pepito molesta al niño.
2010:
La madre del niño va al noticiero de Radio Programas, para quejarse del trato racista que se le dio a su hijo. Al día siguiente Leon Tratenberg hace un programa especial llamado 'El racismo sanguinario en el Perú '. El domingo hacen una mesa redonda en un programa televisivo, en dónde invitan a Laura Boza para hablar y despotricar de la política educativa equivocada que tiene el gobierno de turno y la mala calidad de profesores. Al día siguiente sancionan al profesor del niño. El ministro de educación, pide una dispensa a la familia y le da una beca para una carrera de computación no sin antes dar un discurso, 'llorando', porque se acuerda como se burlaban de él sus compañeros en la escuela de su manera de hablar.
Hecho: Es la entrega de calificaciones al final de cursos.
1977:
Los niños que obtuvieron primer lugar, salen con un diploma que la maestra y la directora entregan delante de todo el alumnado y le dan su medalla . Ponen su fotografía en el cuadro de honor para que sirva de ejemplo a todo el colegio.
El niño que reprobó tendrá que repetir el año completo porque no tuvo buen aprovechamiento.
2010:
La boleta que entregan a los papás tienen calificativos de 'Muy Bien'. 'Vas por buen camino', 'Tu puedes', o unos cuadros con unas caritas sonrientes o tristes. A todos les dan diplomas, que dicen cosas como 'Para el niño mas optimista del salón'. Nunca se sabe quién sacó el primer lugar. Y nadie repite el año.
Hecho: Es el primer día de clases luego de largas vacaciones. Un niño se echa pegamento en las manos para quedarse pegado en la cama y no ir a la escuela.
1977:
A punta de latigazos con cabrestro de siete lenguas, el papá le deja la mitad de la piel en el barandal de la cama y se lo lleva a la escuela a empujones, diciéndole que no se quedará en casa ni de vainas a “huevear”. El chiquillo pendejo entiende que se tiene que levantar temprano todos los días a partir de ese momento, so pena que le repitan la dosis otra vez.
2010:
Los padres "conminan" a su hijito a ir a la escuela; mejor dicho, casi le piden permiso. Tiene que ir defensa civil a despegarle con cuidado de la cama y no lastimarlo. Sale en todos los noticieros a nivel nacional. Es aplaudido por cuanto huevón existe. Suben un vídeo a Youtube que alcanza las 100,000 visitas en unas cuantas horas. El grupo de moda le compone una canción, además de que le invitan a participar en el elenco del Show de los Pimpollos. El rependejo termina por no ir a la escuela ese día, ni al siguiente para atender a los medios que le solicitan entrevistas. Un psicólogo recomienda psicoterapia breve y darle Paroxetina de 10 mg. diarios para controlar su trastorno fóbico a la escuela.
Otro ejemplo real.
Relato:
La semana pasada compré un producto que costó S/.158. Le di a la cajera S/200 y busqué en el bolsillo S/8 para evitar llevar más monedas. La cajera tomó el dinero y se quedó mirando la máquina registradora, aparentemente sin saber qué hacer. Intenté explicarle que ella tenía que darme S/50 de vuelto, pero ella no se convenció y llamó al gerente para que la ayudara. Tenía lágrimas en sus ojos mientras que el gerente intentaba explicarle y ella aparentemente continuaba sin entender
¿Por qué les estoy contando esto?
Porque me di cuenta de la evolución de la enseñanza desde 1950 y de las condiciones actuales que se manejan en muchas escuelas públicas y, peor en las privadas, tanto en el ámbito académico como en el trato a los alumnos, (ahora los mocosos, aparte de inoperantes, son "intocables", aportando las instituciones educativas generaciones de déspotas y nefastas a la sociedad)
Vean cómo fue el cambio en el área matemática, los ejemplos eran así:
1. Enseñanza de matemáticas en 1950:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/. 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual a 4/5 del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?
2. Enseñanza de matemáticas en 1970:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual al 80% del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?
3. Enseñanza de matemáticas en 1980:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00.
¿Cuál es la ganancia?
4. Enseñanza de matemáticas en 1990:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. Escoja la respuesta correcta que indica la ganancia:
( ) S/ 20.00 ( ) S/40.00 ( ) S/60.00 ( ) S/80.00 ( ) S/100.00
5. Enseñanza de matemáticas en 2000:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. La ganancia es de S/ 20.00.
¿Es correcto?
( ) Si ( ) No
6. Enseñanza de matemáticas en 2010:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. Si Ud. sabe leer coloque una X en los S/ 20.00 que representan la ganancia..
( ) S/ 20.00 ( ) S/40.00 ( ) S/60.00 ( ) S/80.00 ( ) S/100.00
¡¡¡No te rias, es en serio!!!
Hecho: Un par de niños se enfrascan en un pleito en el interior de la escuela y se retan a la hora de la salida.
1968:la chocan para la salida, se ven afuera, lejos de la mirada del regente o de los auxiliares ;trazan una raya en el suelo y un amigo dice: a ver, ¿quién pisa primero la rayita?, o : quién toca primero la barbita?. Luego un par de empujones, un par de palabrotas aprendidas en la mejor escuela de la calle donde las más abolladas resultan las madres, un par de revolcones, y todo resuelto. Se paran sacudiéndose los pantalones, se dan la mano, y de nuevo amigos.
1977:
Afuera de la escuela, se forma un grupo numeroso de espectadores, pero los contendientes se la pasan empujándose uno a otro solo lanzándose retos. Al día siguiente están jugando juntos otra vez .
2010:
La directora manda hablar a sus padres y les explica la violencia en la que vive la juventud hoy en día. Recomienda terapia para ambos niños. Les sugiere a los padres que lean un libro, que se llama: "Cómo controlar la ira de tus hijos ", escrito por la Lic . Josefina Leroux.. Se establece una conferencia magistral de valores en la "Escuela para Padres"
Hecho: Sonaba el timbre de salida en la escuela.
1968:
Salíamos en tropel a la “canchita de fulbito “ (digo; es un decir, diría Vallejo) y hacíamos los arcos acomodando nuestras mochilas de trapo en el suelo; jugábamos hasta que nos daba la noche ¡ porque ganaba el equipo que hacía primero la cantidad de goles acordada ! (por lo tanto, no había cuando acabar gracias a los picones que anulaban todos los goles que podían y así se nos pasaba el almuerzo, la cena y lo único que ingeríamos era la naranjada que llevábamos en la botella de gaseosa bien taponeada con un pedazo de papel; hasta que nos iluminaba la luna y venía algún papá con una contundente correa que la estampaba en las nalgas de un hijo, y recién se terminaba el partido.
1977:
Salíamos corriendo acalorados a comprar paletas de hielo de sabores que vendía Don Pancho, el señor del carrito con los helados. Y nos íbamos caminando a casa, bromeando, jugando al trompo o a las bolitas antes de llegar a comer.
2010:
Las maestras no dejan salir a los niños si sus padres no están afuera con un “fotocheck” autorizado y firmado por la directora. Don Pancho, el vendedor, fue chequeado por la APAFA, buscándole si no es narcomenudista. El departamento de rentas del municipio, le retiró su carrito de golosinas, porque no tiene permiso para vender. Salud Pública le ha prohibido que se establezca a menos de 100 metros alrededor de la escuela.
Hecho: El maestro está dando clases, y es interrumpido por las burlas de Pepito, 'el payaso del salón'.
1977:
El maestro le zampa dos reglazos en las manos a Pepito y lo levanta de la oreja para dejarlo en el rincón por una hora. A la hora de la salida, le dice el maestro a su papá lo que pasó. En casa le dan otra 'calentadita' y lo dejan castigado por una semana. Pepito no vuelve a burlarse della maestro nunca más.
2010:
El maestro sonriente le dice a Pepito lo inapropiado que es burlarse de la gente, y lo conmina a que no vuelva a suceder. Al día siguiente, los papás de Pepito solicitan ver al Director, pues el maestro ha "traumado" a su hijo irreversiblemente, pues le avergonzó por haberle reprendido 'delante' de todos sus compañeros. El profesor va a la Dirección Regional de Educación procesado y finalmente, es suspendido y después reasignado a una escuela en el campo.
Hecho: Llega un niño nuevo a la escuela que viene del Campo. Pepito empieza a llamar delante de todos al recién llegado: "montubio".
1977:
Pepito es parado enfrente del grupo para que pida disculpas al niño, y le encargan al día siguiente tres planas de 'Debo respetar a mis compañeros de clase'. Además de llevar una composición de 1000 palabras sobre la obra “Paco Yunque” de Cesar Vallejo. Es la última vez que Pepito molesta al niño.
2010:
La madre del niño va al noticiero de Radio Programas, para quejarse del trato racista que se le dio a su hijo. Al día siguiente Leon Tratenberg hace un programa especial llamado 'El racismo sanguinario en el Perú '. El domingo hacen una mesa redonda en un programa televisivo, en dónde invitan a Laura Boza para hablar y despotricar de la política educativa equivocada que tiene el gobierno de turno y la mala calidad de profesores. Al día siguiente sancionan al profesor del niño. El ministro de educación, pide una dispensa a la familia y le da una beca para una carrera de computación no sin antes dar un discurso, 'llorando', porque se acuerda como se burlaban de él sus compañeros en la escuela de su manera de hablar.
Hecho: Es la entrega de calificaciones al final de cursos.
1977:
Los niños que obtuvieron primer lugar, salen con un diploma que la maestra y la directora entregan delante de todo el alumnado y le dan su medalla . Ponen su fotografía en el cuadro de honor para que sirva de ejemplo a todo el colegio.
El niño que reprobó tendrá que repetir el año completo porque no tuvo buen aprovechamiento.
2010:
La boleta que entregan a los papás tienen calificativos de 'Muy Bien'. 'Vas por buen camino', 'Tu puedes', o unos cuadros con unas caritas sonrientes o tristes. A todos les dan diplomas, que dicen cosas como 'Para el niño mas optimista del salón'. Nunca se sabe quién sacó el primer lugar. Y nadie repite el año.
Hecho: Es el primer día de clases luego de largas vacaciones. Un niño se echa pegamento en las manos para quedarse pegado en la cama y no ir a la escuela.
1977:
A punta de latigazos con cabrestro de siete lenguas, el papá le deja la mitad de la piel en el barandal de la cama y se lo lleva a la escuela a empujones, diciéndole que no se quedará en casa ni de vainas a “huevear”. El chiquillo pendejo entiende que se tiene que levantar temprano todos los días a partir de ese momento, so pena que le repitan la dosis otra vez.
2010:
Los padres "conminan" a su hijito a ir a la escuela; mejor dicho, casi le piden permiso. Tiene que ir defensa civil a despegarle con cuidado de la cama y no lastimarlo. Sale en todos los noticieros a nivel nacional. Es aplaudido por cuanto huevón existe. Suben un vídeo a Youtube que alcanza las 100,000 visitas en unas cuantas horas. El grupo de moda le compone una canción, además de que le invitan a participar en el elenco del Show de los Pimpollos. El rependejo termina por no ir a la escuela ese día, ni al siguiente para atender a los medios que le solicitan entrevistas. Un psicólogo recomienda psicoterapia breve y darle Paroxetina de 10 mg. diarios para controlar su trastorno fóbico a la escuela.
Otro ejemplo real.
Relato:
La semana pasada compré un producto que costó S/.158. Le di a la cajera S/200 y busqué en el bolsillo S/8 para evitar llevar más monedas. La cajera tomó el dinero y se quedó mirando la máquina registradora, aparentemente sin saber qué hacer. Intenté explicarle que ella tenía que darme S/50 de vuelto, pero ella no se convenció y llamó al gerente para que la ayudara. Tenía lágrimas en sus ojos mientras que el gerente intentaba explicarle y ella aparentemente continuaba sin entender
¿Por qué les estoy contando esto?
Porque me di cuenta de la evolución de la enseñanza desde 1950 y de las condiciones actuales que se manejan en muchas escuelas públicas y, peor en las privadas, tanto en el ámbito académico como en el trato a los alumnos, (ahora los mocosos, aparte de inoperantes, son "intocables", aportando las instituciones educativas generaciones de déspotas y nefastas a la sociedad)
Vean cómo fue el cambio en el área matemática, los ejemplos eran así:
1. Enseñanza de matemáticas en 1950:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/. 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual a 4/5 del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?
2. Enseñanza de matemáticas en 1970:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual al 80% del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?
3. Enseñanza de matemáticas en 1980:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00.
¿Cuál es la ganancia?
4. Enseñanza de matemáticas en 1990:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. Escoja la respuesta correcta que indica la ganancia:
( ) S/ 20.00 ( ) S/40.00 ( ) S/60.00 ( ) S/80.00 ( ) S/100.00
5. Enseñanza de matemáticas en 2000:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. La ganancia es de S/ 20.00.
¿Es correcto?
( ) Si ( ) No
6. Enseñanza de matemáticas en 2010:
Un cortador de leña vende un carro de leña por S/ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de S/ 80.00. Si Ud. sabe leer coloque una X en los S/ 20.00 que representan la ganancia..
( ) S/ 20.00 ( ) S/40.00 ( ) S/60.00 ( ) S/80.00 ( ) S/100.00
¡¡¡No te rias, es en serio!!!
viernes, 19 de febrero de 2010
HISTORIAS
HISTORIAS QUE PODRÍAN SER NUESTRAS
¡Cuidado con el canario !
Cualquier material sometido a esfuerzos cíclicos o repetitivos, incluso bajo fuerzas inferiores a la llamada “carga de rotura”, es susceptible de sufrir lo que se conoce como “rotura por fatiga”. El material sufre una grieta inicial que se amplía como consecuencia de los esfuerzos posteriores.
La semana pasada me desgarré el frenillo. No tengo ni idea de cómo pudo pasar.
El frenillo, para todos aquellos que no dispongan de un pene o de un profuso interés por la anatomía, es una suerte de pellejo que une la parte inferior del glande con la piel que lo recubre. Es una de esas partes del cuerpo que, por su inaccesible ubicación (en el reverso de lo que en algunos círculos se conoce como polla), pasa generalmente desapercibida. Su función principal, en los tiempos que corren, es la de provocar dolor. Ahora entiendo a los judíos y sus extraños sombreros.
Desde que tuve mi primera erección siempre supe que en algún momento de mi vida me acabaría rompiendo algún componente del aparato. No es que folle mucho, todo lo contrario, pero he pasado más horas en el simulador que un piloto comercial. Soy de los que se preparan concienzudamente para cualquier actividad que realicen, y más si la actividad se considera sacra. En mis oídos resuenan ahora las palabras de un amigo: “Un día nos vamos a romper el manubrio”. Ese día ha terminado llegando.
Muchas cosas han cambiado en mi vida, y aun así me sorprendí con la conversación al llamar a casa. Mi madre descolgó el teléfono. Me sentí como si llamara desde la secretaría del colegio para decirle que me habían quitado el bocata en el recreo.
—Mamá, que de tanto darle al mete-saca me he desgarrado el frenillo.
Silencio.
—Supongo que no estás hablando de la lengua.
—No mamá, no hablo de la lengua.
—Bueno, por lo menos tendrás algo de lo que escribir, que llevar tres semanas sin colgar una columna. Tu padre está que se sube por las paredes.
Algún lector, a lo largo de los años, se habrá preguntado de dónde carajo he salido. A estas alturas se puede ir haciendo una idea.
Al principio sólo se trataba de una pequeña molestia. Tres días después se me hizo patente que aquello no tenía buena pinta. Sabía que tenía un frenillo, pero los detalles de su fisionomía no me eran familiares. La parte posterior del pene es algo así como la cara oculta de la luna: está cartografiada pero no se le suele prestar mucha atención. Podría instalarse allí una colonia extraterrestre y pasaría desapercibida una buena temporada.
He oído historias sobre frenillos que, en plena faena, se rompen de manera espectacular con una banda sonora de aullidos y más sangre que una película de Tarantino. Ellos quedan doloridos. Ellas perplejas. Unos y otros piensan “Ya está, ha sucedido. A esto se referían los curas”, y miran por la ventana esperando escuchar las trompetas del apocalipsis y vislumbrar una nube de langostas. Venían masturbándose durante años sin que les salieran pelos en las palmas de las manos y sin quedarse ciegos. Se habían confiado. Y en ese momento, en ese fatídico instante, su inocencia se quebranta y sus corazones se congojan.
Yo sentí una punzada. Dos días y cien kilómetros después empecé a notar que vibraba la dirección. Pensé que tendría un neumático desalineado. Levanté el coche e inspeccioné los bajos. “Au, esto duele; creo que está roto”. Como no soy mecánico y la cosa todavía andaba, bajé el vehículo e hice cien kilómetros más. La luz roja seguía encendida en el salpicadero. Volví a inspeccionar. “Caray, esto pinta peor, y desde luego no tiene aspecto de arreglarse solo”. El dolor al abrir y cerrar el capó empezaba a ser insoportable.
El domingo por la mañana entraba en la unidad de urología, que viene a ser el lugar en el que oficialmente reparan pollas. Un tipo alto de unos sesenta años metido en una bata me miró tras el mostrador de recepción.
—Hola. Tengo un problemilla en una zona muy particular y que me resulta extremadamente molesto.
Me di cuenta de que estaba dando demasiados rodeos para estar tratando con alguien especializado en problemas de penes.
—Creo que me he desgarrado el frenillo —concluí.
—Al fondo del pasillo, bajando por las escaleras —contestó.
Tomé número y me senté. Afortunadamente había poca gente. Hubiera esperado a la tarde. Alguien me dijo una vez que las urgencias hospitalarias están desiertas a la hora del fútbol, pero mii frenillo tenía tal aspecto que decidí buscar ayuda profesional lo antes posible. Además, ya me dolía hasta al respirar, actividad que suelo efectuar con bastante asiduidad. Sentado en la silla, me volví a ver caminando hacia el hospital con punzadas en la entrepierna.
La salud es como ese amigo que uno sólo valora en su verdadera magnitud cuando ya se ha marchado. Caminaba por las aceras como podía y observaba las caras de los demás transeúntes. Parecían felices. Claro, ellos no tenían el frenillo desgarrado. Cuando estás jodido te encuentras en una especie de burbuja personal y el resto del mundo parece lejano. Ahí estás tú con tu problema, completamente anónimo. Me entraron ganas de gritar al mundo que me dolía la entrepierna.
Me llamaron por mi nombre. Empujé la puerta de urgencias a pesar de que ponía “No pasar”. Caminando por el pasillo pensé en si deseaba que el médico fuera hombre o mujer. Pensé que un hombre podría ser más sensible y empático ante mi problema, pero me atraía más la idea de bajarme los calzoncillos ante una mujer. Siempre ha sido así.
La doctora me recibió y me introdujo en una especie de box. Me dio un termómetro y me dijo que me lo pusiera en la axila. Después me tomó la tensión y me preguntó qué me sucedía. Le expliqué la película y ella tomó algunas notas. Después apuntó en una hoja:
Temperatura: 36.6 ºC
Tensión: 136 / 82
Pulso: 93
Comprenderá el lector que, en tales circunstancias, mi frecuencia cardiaca se encontrara ligeramente alterada.
La doctora me dijo que me bajara los pantalones hasta las rodillas y que me tumbara sobre la camilla. Me cubrió el pastel con una especie de sábana de reducidas dimensiones y salió entre las cortinas diciendo que la doctora vendría en seguida. Por lo visto ella lo único que hacía era tomarte la temperatura y la tensión y dejarte con el culo al aire.
Quedé allí tumbado con una telilla tapando las partes. Me pregunté si realmente me habría desgarrado el frenillo o si lo que me sucedía era otra cosa. Después me pregunté por qué tardaba tanto en venir la doctora. Supuse que andaría en algún lejano lugar del recinto con otra polla entre las manos. Me vinieron a la cabeza tres chistes de doctores y pollas. Entre las cortinas escuchaba a un grupo de mujeres debatir sobre diferentes dietas y sobre por qué determinada serie de televisión era una mierda. Una suave modorra comenzó a apoderarse de mí y me dejé llevar. Me pareció una buena manera de evadirme de una nueva situación surrealista de mi vida.
No estoy seguro de cuánto tiempo pasó. Ella me llamó por mi nombre. Abrí los ojos. Debía de tener unos 27 ó 28 años y estaba buena. Me preguntó qué me pasaba. Le volví a contar la película.
—¿Ha sucedido teniendo relaciones? —preguntó.
Estuve tentado de decirle que me había pasado follando, pero es mejor no hacerse el gracioso con aquellos de los que tu salud depende. Le dije que sí.
Se sentó junto a la camilla y abrió el regalo. Me sentí incómodo. Pensé que se agacharía y me haría una felación. Tantos años de ver porno han condicionado mi manera de ver las situaciones. Es por cosas así que nunca me aburro.
Prendió el cacahuete y deslizó el prepucio hacia abajo con brusquedad antes de que pudiera rogarle un poco de amor. Vi las estrellas como si estuviera tumbado en el suelo de un planetario. Supongo que no se le puede pedir mucha empatía a alguien que sólo ha visto un pene en los libros de texto, o como mucho en los cuerpos de personas de fisionomía muy diferente a la suya. Preferí no discutir.
Echó un vistazo detenido a aquel trozo de carne maltrecho. Dijo que, efectivamente, tenía un desgarro en el frenillo.
—Tiene usted un frenillo corto —afirmó.
Últimamente me dicen cosas muy raras.
Continuó explicando que lo que me había sucedido era algo muy común, por mucho que todos mis amigos continúen disfrutando de la entereza de sus frenillos, y que la única solución pasaba por cercenar el mismo con ayuda de un bisturí. Me vi atado a la camilla con un trozo de madera entre los dientes mientras alguien me hacía una carnicería en los bajos. Dijo que el proceso se hacía bajo anestesia local, y aunque me tranquilicé, hubiera preferido permanecer inconsciente durante tan delicado trance.
La miré cariacontecido.
—¿Podré tocar el violín? —pregunté.
—Por supuesto —contestó.
Fantástico. Siempre había querido tocar el violín. Me pregunté qué otras habilidades adquiriría tras la operación.
Volvió a subir el prepucio con descuido y se puso a palparme los huevos. Literalmente. Presionó ligeramente aquí y allá y me preguntó si me dolía. A punto estuve de decirle que no estaba de humor para follar cuando se me ocurrió que se trataba de algún tipo de prueba suplementaria. Tras unos segundos, dejó de tocarme los huevos, se levantó y me dijo que me podía subir los pantalones.
La acompañé a un pequeño despacho y allí me dispensó un pequeño informe que comenzaba afirmando que había acudido a la consulta por “Molestias en el pene”. A continuación había un párrafo en el que se describía mi polla:
“Meato ortotópico y permeable. Prepucio retráctil”.
Ya sé cómo empezar si algún día tengo que venderla.
Le di las gracias a la doctora y salí de allí. Por la noche hice cincuenta kilómetros más. Concluí que había nacido camionero.
Antes de llegar las vacaciones pasan anuncios por la tele de la Dirección General de Tráfico. Te dicen que antes de salir de casa compruebes los niveles y mires la presión de los neumáticos. Te dicen que pares cada dos horas y que duermas lo necesario
La navaja de Occam
La navaja de Occam (navaja de Ockham o principio de economía o de parsimonia) hace referencia a un tipo de razonamiento basado en una premisa muy simple: en igualdad de condiciones, la solución más sencilla es probablemente la correcta. De acuerdo con la Wikipedia, el postulado es Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem. Afortunadamente, lo traducen para todos aquellos que tenemos el latín algo cascado:
"No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias"
Hay épocas en las que nos da por patrullar Regensperry durante las noches de los fines de semana. No hay explicación para ello, simplemente entramos en una especie de sintonía cósmica que nos empuja a recorrer los bares hasta terminar haciendo eses de vuelta a casa con una señal bajo el brazo que dice "Vorsicht, bauarbeitung!". Afortunadamente para todos, estas sintonías cósmicas duran unas pocas semanas. Son temporadas en las que estamos en todos los lugares en todo momento. La matemática cuántica se pone de nuestra parte y en ocasiones suceden cosas altamente improbables y que desafían al entendimiento humano.
Hace apenas un mes, en una de estas patrullas nocturnas, conocí a una chica. Yo apenas podía articular monosílabos y, a pesar de todo, la conversación en el estruendo de la discoteca duró varias horas. A veces las cosas no tienen una explicación racional. Dicen que es lo que hace que el fútbol tenga gracia. En ocasiones la vida es como el fútbol.
En alemán, veinticuatro se dice cuatro y veinte. No hace falta que sean las cinco de la mañana y que no te tengas de pie para que te equivoques al apuntar un número de teléfono. No hace falta, pero ayuda, claro.
Jamás hubiera sabido que su número terminaba en 24 en vez de en 42 si ella no me hubiera enviado un mensaje tres semanas después. Se conoce que, en algún momento de la noche, yo le había apuntado mi número de teléfono en el reverso de un bonobús convenientemente partido por la mitad para conservar los dos últimos viajes. Hasta en las peores circunstancias tengo mis destellos de lucidez.
Su mensaje llegaba en un momento muy oportuno. Llevaba tres fines de semana volviendo a la misma discoteca y hasta a Ratuza se le estaba torciendo el gesto. Llevaba tres semanas intentando encontrar a alguien que trabajara en el mismo hospital y me pudiera dar una pista sobre la desconocida. Llevaba tres semanas rondando lo que creía que era su casa en busca de su bicicleta o de un golpe de suerte. El hecho de que ella viviera junto a la comisaría de policía no me ponía las cosas más fáciles. Es por todo esto que el mensaje llegó en el momento oportuno. Una semana más y hubiera terminado durmiendo en un calabozo junto al tipo calvo que le roba el periódico al vecino. En Alemania el crimen siempre paga.
Varios días después, cuando ella por fin tuvo tiempo, quedamos para tomar un helado. Lógicamente, en la sobriedad, ella ya no era un ángel alado descendido de las nubes más acolchadas para acariciarme el rostro con manos sedosas, pero era guapa y parecía tener buena conversación. Le dije que debía de ser buena enfermera. porque había estado dándole cuerda a un comatoso durante tres horas. Para ella quizá una buena conversación no fuera importante, pero para mí siempre es un punto a favor. Parecía tener confianza en sí misma, un interesante halo de misterio y un montón de pecas en la cara, así que compré dos helados y nos fuimos a pasear.
Media hora más tarde ella compró dos cervezas y terminamos a la orilla del río hablando de la vida en el hospital. Por lo visto, cuando uno trabaja en neurología enseñando de nuevo a la gente a manejar los cubiertos y a atarse los zapatos, cuando se pasa la mayor parte del tiempo en la unidad de cuidados intensivos porque es el único lugar en el que hay aire acondicionado, uno termina teniendo un montón de historias graciosas que contar. Charlamos, bebimos y reí hasta que se me escapó un sonoro pedo. Fue el momento más embarazoso de la tarde, pero ella le restó importancia al asunto. Imagino que si te tienen que volver a enseñar a atarte los zapatos, es normal que se te escape un pedo de vez en cuando. Una hora más tarde nos despedíamos de un modo que hacía presagiar tiempos mejores.
Ocho días después, no la he vuelto a ver.
Groucho decía: "Bebo para hacer interesantes a las demás personas". Es cierto. Cuando uno bebe todo resulta mucho más atractivo a los sentidos, incluidas algunas personas. Lo que nunca hubiera considerado Groucho es que alguien pudiera resultar más interesante a los demás borracho como una cuba que sobrio. Si lo hizo, nunca escribió sobre ello. Si alguna vez habló sobre este asunto, sólo la otra frase le pareció a alquien lo suficientemente graciosa como para recordarla.
Quizá yo sea uno de esos tipos que resultan más interesantes cuando necesitan apoyarse en algo para mantenerse en vertical. Quizá Ratuza tenga razón.
Las mujeres tienen maneras muy sutiles de decir las cosas. Algunas incluso se vanaglorian de ello. Son capaces de enviar señales extraordinariamente sibilinas que se manifiestan en una dimensión que escapa a todo aquel que no sea mujer o gay, criaturas que viven en mundos en los que la sandía no es una fruta sino un color. Estas señales hacen que frases como "Pareces cansado, ¿te apetece un café?" signifiquen "Para el coche que quiero un café". La construcción gramatical "Tu sabrás lo que te conviene" tiene sentidos muy diferentes dependiendo de si la pronuncia tu padre o tu novia. Es por cosas así que la vida es más complicada de lo que debería.
Quizá resulto más interesante cuando no puedo decir semáforo sin arriesgarme a perder la lengua.
Cuando una mujer no quiere salir con un tipo, emite señales que sólo otras mujeres y algunos animales son capaces de percibir. Desgraciadamente, entre estos privilegiados animales no se encuentran ni el hombre ni otros primates de mayor capacidad cognitiva. El chico está esperando una señal clara: un uno o un cero, un verde o un rojo, una sandía o un tomate. Lo que recibe son las cuatro estaciones de Vivaldi interpretadas con intrumentos de cocina, y las cuatro estaciones suenan a la vez y además llueve en verano. El desconcierto se prolonga durante más tiempo del que le resulta cómodo. Si tiene suerte, ella será directa y dirá que tiene novio. En estos casos la agonía para descubrir si sigue prefiriendo al novio o a este chico nuevo se prolongará unas semanas más. Probablemente el objetivo después de todo sea disfrutar la agonía, estirar la goma, mantener el plano. Cualquier otra explicación cae en una dimensión desconocida, una dimensión llena de señales perdidas y calcetines que desaparecen en la lavadora para no volver jamás. Las últimas teorías científicas dicen que existen once dimensiones, así que aún queda cuerda hasta que se sature el espectro radiofónico o un calcetín termine por taponar un agujero negro.
Quizá resulto más interesante con un calcetín en la boca.
Por si todo esto supiese a poco, añadimos el choque cultural. En Alemania nunca te dirán "No voy a tu mudanza porque no me ayudaste en la mía", o "no voy el viernes porque no me sale de los cojones", o "Las fotos de tu boda me interesan como un diente en el culo". No, en Alemania siempre se dice "No tengo tiempo".
"No voy a tu mudanza, no tengo tiempo"
"No voy el viernes porque no tengo tiempo"
"Las fotos de tu boda... no tengo tiempo"
Lo peor de todo no es la falta de imaginación y la escasa variabilidad de sus excusas, lo peor de todo es que a menudo es cierto: no tienen tiempo.
Billetes, trayectos, hoteles... En Alemania las vacaciones de verano se preparan antes de navidad. Aquí he conocido a gente cuya ropa podía mirar y saber qué día era. En Alemania preguntas como "¿Qué haces esta tarde?" se encuentran a la altura de "¿Cuánto ganas al año?" o "¿Estás seguro de que esos hijos son tuyos?". En Alemania, una llamada de teléfono para hacer algo quince minutos después es un NO garantizado. A Hitler le llamaron quince minutos antes para que no invadiera Polonia.
Quizá resulto más interesante sujetando una pared.
Debajo de nuestra antigua casa había un bar de mala muerte frecuentado por quinceañeros cortados por la MTV que vomitaban por las esquinas antes de que el reloj diera las diez de la noche. En el pasaje junto al bar a veces aparcaban motos. El día que vi una moto cara con un intermitente roto supuse que habría sido algún chaval con muy mala leche y un tupé edificado a base de fijador. Probablemente el dueño de la moto supuso lo mismo, pero imagino que se lo tomaría mucho peor que yo.
La realidad fue que el Chano vio a un cincuentañero borracho como una cuba fallar la pared y caer estrepitosamente sobre el vehículo causando los desperfectos que yo había valorado con anterioridad. Ni chaval MTV, ni mala leche ni nada que se le pareciera.
Así que quizá resulto más interesante borracho perdido que sobrio, o quizá es cierto que no tiene tiempo, o es probable que me haya perdido una de esas señales que se envían al espacio con la esperanza de que las encuentre vida inteligente y actúe en consecuencia. Igual confundí la sandía con el color, o quizá no haya sandía, ni cuchara, y esta no sea más que otra de esas infinitas ocasiones en las que no vale la pena ni un momento sentarse a dar vueltas a las cosas, pero aquí llevo varias horas picando teclas. Debe tratarse de la sal de la sopa cósmica.
Lo que no dice la Wikipedia es que, en igualdad de condiciones, la mayor parte de las veces te puedes meter la navaja de Occam por el culo.
¡Cuidado con el canario !
Cualquier material sometido a esfuerzos cíclicos o repetitivos, incluso bajo fuerzas inferiores a la llamada “carga de rotura”, es susceptible de sufrir lo que se conoce como “rotura por fatiga”. El material sufre una grieta inicial que se amplía como consecuencia de los esfuerzos posteriores.
La semana pasada me desgarré el frenillo. No tengo ni idea de cómo pudo pasar.
El frenillo, para todos aquellos que no dispongan de un pene o de un profuso interés por la anatomía, es una suerte de pellejo que une la parte inferior del glande con la piel que lo recubre. Es una de esas partes del cuerpo que, por su inaccesible ubicación (en el reverso de lo que en algunos círculos se conoce como polla), pasa generalmente desapercibida. Su función principal, en los tiempos que corren, es la de provocar dolor. Ahora entiendo a los judíos y sus extraños sombreros.
Desde que tuve mi primera erección siempre supe que en algún momento de mi vida me acabaría rompiendo algún componente del aparato. No es que folle mucho, todo lo contrario, pero he pasado más horas en el simulador que un piloto comercial. Soy de los que se preparan concienzudamente para cualquier actividad que realicen, y más si la actividad se considera sacra. En mis oídos resuenan ahora las palabras de un amigo: “Un día nos vamos a romper el manubrio”. Ese día ha terminado llegando.
Muchas cosas han cambiado en mi vida, y aun así me sorprendí con la conversación al llamar a casa. Mi madre descolgó el teléfono. Me sentí como si llamara desde la secretaría del colegio para decirle que me habían quitado el bocata en el recreo.
—Mamá, que de tanto darle al mete-saca me he desgarrado el frenillo.
Silencio.
—Supongo que no estás hablando de la lengua.
—No mamá, no hablo de la lengua.
—Bueno, por lo menos tendrás algo de lo que escribir, que llevar tres semanas sin colgar una columna. Tu padre está que se sube por las paredes.
Algún lector, a lo largo de los años, se habrá preguntado de dónde carajo he salido. A estas alturas se puede ir haciendo una idea.
Al principio sólo se trataba de una pequeña molestia. Tres días después se me hizo patente que aquello no tenía buena pinta. Sabía que tenía un frenillo, pero los detalles de su fisionomía no me eran familiares. La parte posterior del pene es algo así como la cara oculta de la luna: está cartografiada pero no se le suele prestar mucha atención. Podría instalarse allí una colonia extraterrestre y pasaría desapercibida una buena temporada.
He oído historias sobre frenillos que, en plena faena, se rompen de manera espectacular con una banda sonora de aullidos y más sangre que una película de Tarantino. Ellos quedan doloridos. Ellas perplejas. Unos y otros piensan “Ya está, ha sucedido. A esto se referían los curas”, y miran por la ventana esperando escuchar las trompetas del apocalipsis y vislumbrar una nube de langostas. Venían masturbándose durante años sin que les salieran pelos en las palmas de las manos y sin quedarse ciegos. Se habían confiado. Y en ese momento, en ese fatídico instante, su inocencia se quebranta y sus corazones se congojan.
Yo sentí una punzada. Dos días y cien kilómetros después empecé a notar que vibraba la dirección. Pensé que tendría un neumático desalineado. Levanté el coche e inspeccioné los bajos. “Au, esto duele; creo que está roto”. Como no soy mecánico y la cosa todavía andaba, bajé el vehículo e hice cien kilómetros más. La luz roja seguía encendida en el salpicadero. Volví a inspeccionar. “Caray, esto pinta peor, y desde luego no tiene aspecto de arreglarse solo”. El dolor al abrir y cerrar el capó empezaba a ser insoportable.
El domingo por la mañana entraba en la unidad de urología, que viene a ser el lugar en el que oficialmente reparan pollas. Un tipo alto de unos sesenta años metido en una bata me miró tras el mostrador de recepción.
—Hola. Tengo un problemilla en una zona muy particular y que me resulta extremadamente molesto.
Me di cuenta de que estaba dando demasiados rodeos para estar tratando con alguien especializado en problemas de penes.
—Creo que me he desgarrado el frenillo —concluí.
—Al fondo del pasillo, bajando por las escaleras —contestó.
Tomé número y me senté. Afortunadamente había poca gente. Hubiera esperado a la tarde. Alguien me dijo una vez que las urgencias hospitalarias están desiertas a la hora del fútbol, pero mii frenillo tenía tal aspecto que decidí buscar ayuda profesional lo antes posible. Además, ya me dolía hasta al respirar, actividad que suelo efectuar con bastante asiduidad. Sentado en la silla, me volví a ver caminando hacia el hospital con punzadas en la entrepierna.
La salud es como ese amigo que uno sólo valora en su verdadera magnitud cuando ya se ha marchado. Caminaba por las aceras como podía y observaba las caras de los demás transeúntes. Parecían felices. Claro, ellos no tenían el frenillo desgarrado. Cuando estás jodido te encuentras en una especie de burbuja personal y el resto del mundo parece lejano. Ahí estás tú con tu problema, completamente anónimo. Me entraron ganas de gritar al mundo que me dolía la entrepierna.
Me llamaron por mi nombre. Empujé la puerta de urgencias a pesar de que ponía “No pasar”. Caminando por el pasillo pensé en si deseaba que el médico fuera hombre o mujer. Pensé que un hombre podría ser más sensible y empático ante mi problema, pero me atraía más la idea de bajarme los calzoncillos ante una mujer. Siempre ha sido así.
La doctora me recibió y me introdujo en una especie de box. Me dio un termómetro y me dijo que me lo pusiera en la axila. Después me tomó la tensión y me preguntó qué me sucedía. Le expliqué la película y ella tomó algunas notas. Después apuntó en una hoja:
Temperatura: 36.6 ºC
Tensión: 136 / 82
Pulso: 93
Comprenderá el lector que, en tales circunstancias, mi frecuencia cardiaca se encontrara ligeramente alterada.
La doctora me dijo que me bajara los pantalones hasta las rodillas y que me tumbara sobre la camilla. Me cubrió el pastel con una especie de sábana de reducidas dimensiones y salió entre las cortinas diciendo que la doctora vendría en seguida. Por lo visto ella lo único que hacía era tomarte la temperatura y la tensión y dejarte con el culo al aire.
Quedé allí tumbado con una telilla tapando las partes. Me pregunté si realmente me habría desgarrado el frenillo o si lo que me sucedía era otra cosa. Después me pregunté por qué tardaba tanto en venir la doctora. Supuse que andaría en algún lejano lugar del recinto con otra polla entre las manos. Me vinieron a la cabeza tres chistes de doctores y pollas. Entre las cortinas escuchaba a un grupo de mujeres debatir sobre diferentes dietas y sobre por qué determinada serie de televisión era una mierda. Una suave modorra comenzó a apoderarse de mí y me dejé llevar. Me pareció una buena manera de evadirme de una nueva situación surrealista de mi vida.
No estoy seguro de cuánto tiempo pasó. Ella me llamó por mi nombre. Abrí los ojos. Debía de tener unos 27 ó 28 años y estaba buena. Me preguntó qué me pasaba. Le volví a contar la película.
—¿Ha sucedido teniendo relaciones? —preguntó.
Estuve tentado de decirle que me había pasado follando, pero es mejor no hacerse el gracioso con aquellos de los que tu salud depende. Le dije que sí.
Se sentó junto a la camilla y abrió el regalo. Me sentí incómodo. Pensé que se agacharía y me haría una felación. Tantos años de ver porno han condicionado mi manera de ver las situaciones. Es por cosas así que nunca me aburro.
Prendió el cacahuete y deslizó el prepucio hacia abajo con brusquedad antes de que pudiera rogarle un poco de amor. Vi las estrellas como si estuviera tumbado en el suelo de un planetario. Supongo que no se le puede pedir mucha empatía a alguien que sólo ha visto un pene en los libros de texto, o como mucho en los cuerpos de personas de fisionomía muy diferente a la suya. Preferí no discutir.
Echó un vistazo detenido a aquel trozo de carne maltrecho. Dijo que, efectivamente, tenía un desgarro en el frenillo.
—Tiene usted un frenillo corto —afirmó.
Últimamente me dicen cosas muy raras.
Continuó explicando que lo que me había sucedido era algo muy común, por mucho que todos mis amigos continúen disfrutando de la entereza de sus frenillos, y que la única solución pasaba por cercenar el mismo con ayuda de un bisturí. Me vi atado a la camilla con un trozo de madera entre los dientes mientras alguien me hacía una carnicería en los bajos. Dijo que el proceso se hacía bajo anestesia local, y aunque me tranquilicé, hubiera preferido permanecer inconsciente durante tan delicado trance.
La miré cariacontecido.
—¿Podré tocar el violín? —pregunté.
—Por supuesto —contestó.
Fantástico. Siempre había querido tocar el violín. Me pregunté qué otras habilidades adquiriría tras la operación.
Volvió a subir el prepucio con descuido y se puso a palparme los huevos. Literalmente. Presionó ligeramente aquí y allá y me preguntó si me dolía. A punto estuve de decirle que no estaba de humor para follar cuando se me ocurrió que se trataba de algún tipo de prueba suplementaria. Tras unos segundos, dejó de tocarme los huevos, se levantó y me dijo que me podía subir los pantalones.
La acompañé a un pequeño despacho y allí me dispensó un pequeño informe que comenzaba afirmando que había acudido a la consulta por “Molestias en el pene”. A continuación había un párrafo en el que se describía mi polla:
“Meato ortotópico y permeable. Prepucio retráctil”.
Ya sé cómo empezar si algún día tengo que venderla.
Le di las gracias a la doctora y salí de allí. Por la noche hice cincuenta kilómetros más. Concluí que había nacido camionero.
Antes de llegar las vacaciones pasan anuncios por la tele de la Dirección General de Tráfico. Te dicen que antes de salir de casa compruebes los niveles y mires la presión de los neumáticos. Te dicen que pares cada dos horas y que duermas lo necesario
La navaja de Occam
La navaja de Occam (navaja de Ockham o principio de economía o de parsimonia) hace referencia a un tipo de razonamiento basado en una premisa muy simple: en igualdad de condiciones, la solución más sencilla es probablemente la correcta. De acuerdo con la Wikipedia, el postulado es Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem. Afortunadamente, lo traducen para todos aquellos que tenemos el latín algo cascado:
"No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias"
Hay épocas en las que nos da por patrullar Regensperry durante las noches de los fines de semana. No hay explicación para ello, simplemente entramos en una especie de sintonía cósmica que nos empuja a recorrer los bares hasta terminar haciendo eses de vuelta a casa con una señal bajo el brazo que dice "Vorsicht, bauarbeitung!". Afortunadamente para todos, estas sintonías cósmicas duran unas pocas semanas. Son temporadas en las que estamos en todos los lugares en todo momento. La matemática cuántica se pone de nuestra parte y en ocasiones suceden cosas altamente improbables y que desafían al entendimiento humano.
Hace apenas un mes, en una de estas patrullas nocturnas, conocí a una chica. Yo apenas podía articular monosílabos y, a pesar de todo, la conversación en el estruendo de la discoteca duró varias horas. A veces las cosas no tienen una explicación racional. Dicen que es lo que hace que el fútbol tenga gracia. En ocasiones la vida es como el fútbol.
En alemán, veinticuatro se dice cuatro y veinte. No hace falta que sean las cinco de la mañana y que no te tengas de pie para que te equivoques al apuntar un número de teléfono. No hace falta, pero ayuda, claro.
Jamás hubiera sabido que su número terminaba en 24 en vez de en 42 si ella no me hubiera enviado un mensaje tres semanas después. Se conoce que, en algún momento de la noche, yo le había apuntado mi número de teléfono en el reverso de un bonobús convenientemente partido por la mitad para conservar los dos últimos viajes. Hasta en las peores circunstancias tengo mis destellos de lucidez.
Su mensaje llegaba en un momento muy oportuno. Llevaba tres fines de semana volviendo a la misma discoteca y hasta a Ratuza se le estaba torciendo el gesto. Llevaba tres semanas intentando encontrar a alguien que trabajara en el mismo hospital y me pudiera dar una pista sobre la desconocida. Llevaba tres semanas rondando lo que creía que era su casa en busca de su bicicleta o de un golpe de suerte. El hecho de que ella viviera junto a la comisaría de policía no me ponía las cosas más fáciles. Es por todo esto que el mensaje llegó en el momento oportuno. Una semana más y hubiera terminado durmiendo en un calabozo junto al tipo calvo que le roba el periódico al vecino. En Alemania el crimen siempre paga.
Varios días después, cuando ella por fin tuvo tiempo, quedamos para tomar un helado. Lógicamente, en la sobriedad, ella ya no era un ángel alado descendido de las nubes más acolchadas para acariciarme el rostro con manos sedosas, pero era guapa y parecía tener buena conversación. Le dije que debía de ser buena enfermera. porque había estado dándole cuerda a un comatoso durante tres horas. Para ella quizá una buena conversación no fuera importante, pero para mí siempre es un punto a favor. Parecía tener confianza en sí misma, un interesante halo de misterio y un montón de pecas en la cara, así que compré dos helados y nos fuimos a pasear.
Media hora más tarde ella compró dos cervezas y terminamos a la orilla del río hablando de la vida en el hospital. Por lo visto, cuando uno trabaja en neurología enseñando de nuevo a la gente a manejar los cubiertos y a atarse los zapatos, cuando se pasa la mayor parte del tiempo en la unidad de cuidados intensivos porque es el único lugar en el que hay aire acondicionado, uno termina teniendo un montón de historias graciosas que contar. Charlamos, bebimos y reí hasta que se me escapó un sonoro pedo. Fue el momento más embarazoso de la tarde, pero ella le restó importancia al asunto. Imagino que si te tienen que volver a enseñar a atarte los zapatos, es normal que se te escape un pedo de vez en cuando. Una hora más tarde nos despedíamos de un modo que hacía presagiar tiempos mejores.
Ocho días después, no la he vuelto a ver.
Groucho decía: "Bebo para hacer interesantes a las demás personas". Es cierto. Cuando uno bebe todo resulta mucho más atractivo a los sentidos, incluidas algunas personas. Lo que nunca hubiera considerado Groucho es que alguien pudiera resultar más interesante a los demás borracho como una cuba que sobrio. Si lo hizo, nunca escribió sobre ello. Si alguna vez habló sobre este asunto, sólo la otra frase le pareció a alquien lo suficientemente graciosa como para recordarla.
Quizá yo sea uno de esos tipos que resultan más interesantes cuando necesitan apoyarse en algo para mantenerse en vertical. Quizá Ratuza tenga razón.
Las mujeres tienen maneras muy sutiles de decir las cosas. Algunas incluso se vanaglorian de ello. Son capaces de enviar señales extraordinariamente sibilinas que se manifiestan en una dimensión que escapa a todo aquel que no sea mujer o gay, criaturas que viven en mundos en los que la sandía no es una fruta sino un color. Estas señales hacen que frases como "Pareces cansado, ¿te apetece un café?" signifiquen "Para el coche que quiero un café". La construcción gramatical "Tu sabrás lo que te conviene" tiene sentidos muy diferentes dependiendo de si la pronuncia tu padre o tu novia. Es por cosas así que la vida es más complicada de lo que debería.
Quizá resulto más interesante cuando no puedo decir semáforo sin arriesgarme a perder la lengua.
Cuando una mujer no quiere salir con un tipo, emite señales que sólo otras mujeres y algunos animales son capaces de percibir. Desgraciadamente, entre estos privilegiados animales no se encuentran ni el hombre ni otros primates de mayor capacidad cognitiva. El chico está esperando una señal clara: un uno o un cero, un verde o un rojo, una sandía o un tomate. Lo que recibe son las cuatro estaciones de Vivaldi interpretadas con intrumentos de cocina, y las cuatro estaciones suenan a la vez y además llueve en verano. El desconcierto se prolonga durante más tiempo del que le resulta cómodo. Si tiene suerte, ella será directa y dirá que tiene novio. En estos casos la agonía para descubrir si sigue prefiriendo al novio o a este chico nuevo se prolongará unas semanas más. Probablemente el objetivo después de todo sea disfrutar la agonía, estirar la goma, mantener el plano. Cualquier otra explicación cae en una dimensión desconocida, una dimensión llena de señales perdidas y calcetines que desaparecen en la lavadora para no volver jamás. Las últimas teorías científicas dicen que existen once dimensiones, así que aún queda cuerda hasta que se sature el espectro radiofónico o un calcetín termine por taponar un agujero negro.
Quizá resulto más interesante con un calcetín en la boca.
Por si todo esto supiese a poco, añadimos el choque cultural. En Alemania nunca te dirán "No voy a tu mudanza porque no me ayudaste en la mía", o "no voy el viernes porque no me sale de los cojones", o "Las fotos de tu boda me interesan como un diente en el culo". No, en Alemania siempre se dice "No tengo tiempo".
"No voy a tu mudanza, no tengo tiempo"
"No voy el viernes porque no tengo tiempo"
"Las fotos de tu boda... no tengo tiempo"
Lo peor de todo no es la falta de imaginación y la escasa variabilidad de sus excusas, lo peor de todo es que a menudo es cierto: no tienen tiempo.
Billetes, trayectos, hoteles... En Alemania las vacaciones de verano se preparan antes de navidad. Aquí he conocido a gente cuya ropa podía mirar y saber qué día era. En Alemania preguntas como "¿Qué haces esta tarde?" se encuentran a la altura de "¿Cuánto ganas al año?" o "¿Estás seguro de que esos hijos son tuyos?". En Alemania, una llamada de teléfono para hacer algo quince minutos después es un NO garantizado. A Hitler le llamaron quince minutos antes para que no invadiera Polonia.
Quizá resulto más interesante sujetando una pared.
Debajo de nuestra antigua casa había un bar de mala muerte frecuentado por quinceañeros cortados por la MTV que vomitaban por las esquinas antes de que el reloj diera las diez de la noche. En el pasaje junto al bar a veces aparcaban motos. El día que vi una moto cara con un intermitente roto supuse que habría sido algún chaval con muy mala leche y un tupé edificado a base de fijador. Probablemente el dueño de la moto supuso lo mismo, pero imagino que se lo tomaría mucho peor que yo.
La realidad fue que el Chano vio a un cincuentañero borracho como una cuba fallar la pared y caer estrepitosamente sobre el vehículo causando los desperfectos que yo había valorado con anterioridad. Ni chaval MTV, ni mala leche ni nada que se le pareciera.
Así que quizá resulto más interesante borracho perdido que sobrio, o quizá es cierto que no tiene tiempo, o es probable que me haya perdido una de esas señales que se envían al espacio con la esperanza de que las encuentre vida inteligente y actúe en consecuencia. Igual confundí la sandía con el color, o quizá no haya sandía, ni cuchara, y esta no sea más que otra de esas infinitas ocasiones en las que no vale la pena ni un momento sentarse a dar vueltas a las cosas, pero aquí llevo varias horas picando teclas. Debe tratarse de la sal de la sopa cósmica.
Lo que no dice la Wikipedia es que, en igualdad de condiciones, la mayor parte de las veces te puedes meter la navaja de Occam por el culo.
lunes, 8 de febrero de 2010
TEMUCANO
TITO FERNÁNDEZ, CANTOR POPULAR CHILENO cuyo nombre real es Humberto Waldemar Asdrubal Baeza Fernández nacido en Temuco, de allí su denominación con la que es más conocido: “El Temucano”.
El siguiente es un estribillo con el que, a los siete años, gana su primer premio:
"El pichón pierde, primero,
la protección de su padre,
pierde después a su madre
mas nunca pierde la fe
y al intentarlo se ve,
en sus alas extendidas,
que la verdad de la vida
es empezar otra vez.\"
A pesar del paso de los años, siguen en el mercado, destacando, por citar algunos: "La Casa Nueva", álbum grabado en 1971, "Me gusta el vino",álbum grabado en 1975, "Tito Fernández en el OLympia de París", álbum grabado en 1981, etc.
Allá por los años 70, entre dictaduras y golpes, civiles y/o militares que predominaban en nuestro sub continente, cuando cursábamos clases en la secundaria y evolucionábamos entre la adolescencia y la juventud y de paso vivíamos la mejor época de nuestras vidas, estaba de moda la “Música Protesta” que -recordaremos-, la escuchábamos a través de las ondas del desaparecido (en tiempos de Velasco) “Radio Universidad”.
Entre los estribillos que recuerdo, se entonaban los siguientes:
“Qué culpa tiene el tomate
De estar prendido en la mata
Si viene un hijo de purta,
Lo mete en una lata
Y lo manda para Caracas”, o,
“Viva la U…
Viva la U…
Viva la Universidad
Muera la bo…
Muera la bo…
Muera la bota militar
Queremos a Velasco
Colgado de un farol
Y a su mujer Consuelo
Con las tripas al sol”, o,
“La hierba de los caminos,
La pisan los caminantes
Y a la mujer del obrero
La pisan cuatro tunantes
De esos que tienen dinero.
Cuando quiera el Dios del cielo
Que la tortilla se vuelva
Que la tortilla de vuelva
Que los pobres coman pan
Y los ricos mierda ¡mierda!”
Bueno, el caso es que por esos tiempo escuchábamos a este intérprete del vecino país, aún cuando no es “música protesta” (en plena “guerra caliente”) y sino díganme si la música no une y se desentiende de “fronteras”.
Adicionalmente, teníamos en Francisco Torres (Nuestro Temucano limeño-arequipeño) quien acompañado de Carlitos Medina Pomareda interpretaba magistralmente canciones-poemas como éste bien conocido:
LA MADRE DEL CORDERO.
Letra y Música: Tito Fernández.
Nos criamos, desde chicos,
juntos en "El Miraor"
mi padre? peón antiguo,
el suyo? administrador.
Claro que cuando uno es chico
no entiende la diferencia.
¡Qué lindo haber sido dueño ¿no?
de tan tremenda inocencia!
El fundo jugando, entero,
lo habíamos "recorrío",
yo le ganaba casi siempre
porque era algo más "crecío",
ella me juntaba flores,
yo, le tiraba las trenzas,
y así se nos pasó el tiempo
casi sin darnos ni cuenta.
A mi me tocó salir,
al campo, a "pelar el ajo",
ya no era tan "cauro" chico
t'aba gueno p'al trabajo.
Claro que todas las tardes
salíamos a pasear
y nos mirábamos mucho
sin hallar qué conversar
Yo me ensayaba "toíto"
el día de lo que iba a pedir,
pero cuando estaba cerca,
no encontraba qué decir.
No sé lo que me pasaba
cuando la tenía a mi "lao"
se me "anudaba el cogote"
y ahí me quedaba "pegao".
Un día me dijo, ella,
que se iba a "dir" de la hacienda,
la mandaban a estudiar,
a las monjas, creo, p'a que aprienda
a coser, a tejer, a leer,
había dicho "Don Guille"
los libros son cosa buena
y hay que saber lo que dicen.
A mi me "dentró" una pena,
cuando me dijo que se iba,
que saqué juerzas de "aentro"
y le dije que la quería.
Ella no contestó na',
se puso coloraíta,
y yo que le robo un beso
de su "mesmita" boquita.
Pasó el tiempo, un par de años,
y nunca me olvidé de ella,
por las noches la veía
mirándome de una estrella.
Ella "tamién" me quería,
yo estaba seguro d'eso,
me lo había dicho el gusto,
dulcecito, de su beso.
El hombre cuando es bien hombre,
me dije, ha de saber lo que pasa,
me "agencié" su dirección
con una empleá 'e las casas.
Francisco me hizo la carta
y, aunque no tuve respuesta,
no me eché a morir por eso,
lo que es bueno, siempre cuesta.
"Tiempazo" después el fundo
amaneció "trastornao",
las viejas de la casona, oiga,
corrían p'a "lao" y "lao".
se "voltiaron" dos vaquillas,
las chuicas ¡cómo dentraban!
se raspaban las tortillas
y las "empanás" chirriaban.
Se acomodaron las mesas,
el lugar p'a las cantoras,
se adornó "too" con copihues
y con hojas de totora.
A mi, no me dio alegría,
me dio "too" junto "al tiro",
la niña Rosa volvía,
de nuevo, p'al lao mío.
Después me quiso dar "mieo"
pensé hasta en no merecerla,
pero mandé el miedo" al "diaulo"
y me "cacharpié" p'a verla.
Ahí venía mi niña,
más linda que el mismo cielo,
con su misma boca roja, esa,
a'onde puse mi beso.
Venía con un vestío
que encandilaba los ojos,
tomá del brazo 'e Don Guille
que no cabía de gozo.
Pasamos a la "comía",
se destaparon los chuicos,
el vino ¡cómo corría!,
oiga, cosa era que daba gusto.
Después le entramos al baile,
se afinaron las vihuelas,
y se calentaba el "adre"
con el "tañar" de las cuecas.
No pude hablar con mi niña,
'tuvo, muy "ocupaaza"
hablando con las visitas
y otra gente "importantaza".
Días después, una tarde,
estando yo en el corral,
pensaba ya en olvidarla
cuando me siento llamar.
¡Venancio!, me dicen, ¡Beno!
, y me la quedo mirando,
ahí 'taba mi niña linda,
de pura dicha, llorando.
Nos abrazamos bien juerte.
¿Ud. me había olvidao?
¡Jamás!, le digo, y la beso
como nunca había besao.
Nos seguimos encontrando,
era mía hasta los huesos
y yo "tamién" la quería,
aunque muriera por eso.
Tengo dos manos, le decía
p'a hacer su felicidad
y ella se me entristecía
cuando me sentía hablar.
Un día vino Don Guille,
a conversar, dijo, de hombre a hombre,
habló cosas muy bonitas,
con apelativo y nombre,
me dijo que la dejara,
que la Rosa estaba grande
y que las cosas de niño
deberían olvidarse.
Entiende Venancio, dijo,
que ella no es de este lugar,
es "toa" una señorita
y algún día se va a casar,
no con un peón de fundo,
y no es por desmerecer,
la vida es triste, Venancio,
pero qué se le va hacer.
Me la "empató" muy re bien,
después me soltó "el doblao".
Entiende bien Beno, lo que le digo
si no, "cortai" p'a otro lao.
Ahí me metí a las "tomas",
¿el trabajo?, me dije, aunque lo pierda,
me "pelié" hasta con los "pacos"
a punta'e rebenque mierda.
Cuarenta días tomando,
bailando cueca "aperrao",
p'a eso había "juntao"
alguna plata y no soy ningún "fijao".
"La vida es triste Venancio",
eso no corre conmigo,
mientras haya "chinas" "güenas"
la vida es vida, mi amigo.
Tiré "de chincol a jote",
le saqué al mundo la madre,
'tuve preso por rosquero
y me tomé hasta el vinagre.
Y aquí me tienen ahora, "puh",
con los bolsillos "pelaos,
sin "pega" en ninguna parte
y con el "hocico" "hinchao".
Y se me viene el problema:
"tovía" la estoy queriendo.
Los hombres, dije una vez,
piensan como hombres
y me estoy desconociendo.
La Rosa es mía o de "naide",
¿los prejuicios? ¡a la cresta!
y si a Don Guille tenerme,
de yerno, tanto le cuesta,
habrá que poner remedio
"al tiro" a esta situación,
yo no veo, p'a estas cosas, la diferencia
entre "empleao"y patrón.
Si me buscan " a la mala",
"güeno poh", a la mala bajo al vino,
y esto ya está "decidío"
por el único camino.
Cuando uno quiere "a la güena"
Dios sabe que no es desaire,
yo soy un roto 'e trabajo,
no le agacho el moño "a naiden",
así es que esta misma noche,
agarro "pingo" y "apero",
¡me robo a la Rosa, mierda,
ahí 'tá la madre 'el cordero!
Espero que al leer estas líneas tengan a la mano el vídeo que les envié, grabado el 21 de Noviembre de 2009 en La Cau Cau II, realizado por los intérpretes originales –después de 35 años- y cantados a capela. Desgraciadamente el formato de este blog no me permite cargar el vídeo, (Si alguien sabe cómo. Avisen).
El siguiente es un estribillo con el que, a los siete años, gana su primer premio:
"El pichón pierde, primero,
la protección de su padre,
pierde después a su madre
mas nunca pierde la fe
y al intentarlo se ve,
en sus alas extendidas,
que la verdad de la vida
es empezar otra vez.\"
A pesar del paso de los años, siguen en el mercado, destacando, por citar algunos: "La Casa Nueva", álbum grabado en 1971, "Me gusta el vino",álbum grabado en 1975, "Tito Fernández en el OLympia de París", álbum grabado en 1981, etc.
Allá por los años 70, entre dictaduras y golpes, civiles y/o militares que predominaban en nuestro sub continente, cuando cursábamos clases en la secundaria y evolucionábamos entre la adolescencia y la juventud y de paso vivíamos la mejor época de nuestras vidas, estaba de moda la “Música Protesta” que -recordaremos-, la escuchábamos a través de las ondas del desaparecido (en tiempos de Velasco) “Radio Universidad”.
Entre los estribillos que recuerdo, se entonaban los siguientes:
“Qué culpa tiene el tomate
De estar prendido en la mata
Si viene un hijo de purta,
Lo mete en una lata
Y lo manda para Caracas”, o,
“Viva la U…
Viva la U…
Viva la Universidad
Muera la bo…
Muera la bo…
Muera la bota militar
Queremos a Velasco
Colgado de un farol
Y a su mujer Consuelo
Con las tripas al sol”, o,
“La hierba de los caminos,
La pisan los caminantes
Y a la mujer del obrero
La pisan cuatro tunantes
De esos que tienen dinero.
Cuando quiera el Dios del cielo
Que la tortilla se vuelva
Que la tortilla de vuelva
Que los pobres coman pan
Y los ricos mierda ¡mierda!”
Bueno, el caso es que por esos tiempo escuchábamos a este intérprete del vecino país, aún cuando no es “música protesta” (en plena “guerra caliente”) y sino díganme si la música no une y se desentiende de “fronteras”.
Adicionalmente, teníamos en Francisco Torres (Nuestro Temucano limeño-arequipeño) quien acompañado de Carlitos Medina Pomareda interpretaba magistralmente canciones-poemas como éste bien conocido:
LA MADRE DEL CORDERO.
Letra y Música: Tito Fernández.
Nos criamos, desde chicos,
juntos en "El Miraor"
mi padre? peón antiguo,
el suyo? administrador.
Claro que cuando uno es chico
no entiende la diferencia.
¡Qué lindo haber sido dueño ¿no?
de tan tremenda inocencia!
El fundo jugando, entero,
lo habíamos "recorrío",
yo le ganaba casi siempre
porque era algo más "crecío",
ella me juntaba flores,
yo, le tiraba las trenzas,
y así se nos pasó el tiempo
casi sin darnos ni cuenta.
A mi me tocó salir,
al campo, a "pelar el ajo",
ya no era tan "cauro" chico
t'aba gueno p'al trabajo.
Claro que todas las tardes
salíamos a pasear
y nos mirábamos mucho
sin hallar qué conversar
Yo me ensayaba "toíto"
el día de lo que iba a pedir,
pero cuando estaba cerca,
no encontraba qué decir.
No sé lo que me pasaba
cuando la tenía a mi "lao"
se me "anudaba el cogote"
y ahí me quedaba "pegao".
Un día me dijo, ella,
que se iba a "dir" de la hacienda,
la mandaban a estudiar,
a las monjas, creo, p'a que aprienda
a coser, a tejer, a leer,
había dicho "Don Guille"
los libros son cosa buena
y hay que saber lo que dicen.
A mi me "dentró" una pena,
cuando me dijo que se iba,
que saqué juerzas de "aentro"
y le dije que la quería.
Ella no contestó na',
se puso coloraíta,
y yo que le robo un beso
de su "mesmita" boquita.
Pasó el tiempo, un par de años,
y nunca me olvidé de ella,
por las noches la veía
mirándome de una estrella.
Ella "tamién" me quería,
yo estaba seguro d'eso,
me lo había dicho el gusto,
dulcecito, de su beso.
El hombre cuando es bien hombre,
me dije, ha de saber lo que pasa,
me "agencié" su dirección
con una empleá 'e las casas.
Francisco me hizo la carta
y, aunque no tuve respuesta,
no me eché a morir por eso,
lo que es bueno, siempre cuesta.
"Tiempazo" después el fundo
amaneció "trastornao",
las viejas de la casona, oiga,
corrían p'a "lao" y "lao".
se "voltiaron" dos vaquillas,
las chuicas ¡cómo dentraban!
se raspaban las tortillas
y las "empanás" chirriaban.
Se acomodaron las mesas,
el lugar p'a las cantoras,
se adornó "too" con copihues
y con hojas de totora.
A mi, no me dio alegría,
me dio "too" junto "al tiro",
la niña Rosa volvía,
de nuevo, p'al lao mío.
Después me quiso dar "mieo"
pensé hasta en no merecerla,
pero mandé el miedo" al "diaulo"
y me "cacharpié" p'a verla.
Ahí venía mi niña,
más linda que el mismo cielo,
con su misma boca roja, esa,
a'onde puse mi beso.
Venía con un vestío
que encandilaba los ojos,
tomá del brazo 'e Don Guille
que no cabía de gozo.
Pasamos a la "comía",
se destaparon los chuicos,
el vino ¡cómo corría!,
oiga, cosa era que daba gusto.
Después le entramos al baile,
se afinaron las vihuelas,
y se calentaba el "adre"
con el "tañar" de las cuecas.
No pude hablar con mi niña,
'tuvo, muy "ocupaaza"
hablando con las visitas
y otra gente "importantaza".
Días después, una tarde,
estando yo en el corral,
pensaba ya en olvidarla
cuando me siento llamar.
¡Venancio!, me dicen, ¡Beno!
, y me la quedo mirando,
ahí 'taba mi niña linda,
de pura dicha, llorando.
Nos abrazamos bien juerte.
¿Ud. me había olvidao?
¡Jamás!, le digo, y la beso
como nunca había besao.
Nos seguimos encontrando,
era mía hasta los huesos
y yo "tamién" la quería,
aunque muriera por eso.
Tengo dos manos, le decía
p'a hacer su felicidad
y ella se me entristecía
cuando me sentía hablar.
Un día vino Don Guille,
a conversar, dijo, de hombre a hombre,
habló cosas muy bonitas,
con apelativo y nombre,
me dijo que la dejara,
que la Rosa estaba grande
y que las cosas de niño
deberían olvidarse.
Entiende Venancio, dijo,
que ella no es de este lugar,
es "toa" una señorita
y algún día se va a casar,
no con un peón de fundo,
y no es por desmerecer,
la vida es triste, Venancio,
pero qué se le va hacer.
Me la "empató" muy re bien,
después me soltó "el doblao".
Entiende bien Beno, lo que le digo
si no, "cortai" p'a otro lao.
Ahí me metí a las "tomas",
¿el trabajo?, me dije, aunque lo pierda,
me "pelié" hasta con los "pacos"
a punta'e rebenque mierda.
Cuarenta días tomando,
bailando cueca "aperrao",
p'a eso había "juntao"
alguna plata y no soy ningún "fijao".
"La vida es triste Venancio",
eso no corre conmigo,
mientras haya "chinas" "güenas"
la vida es vida, mi amigo.
Tiré "de chincol a jote",
le saqué al mundo la madre,
'tuve preso por rosquero
y me tomé hasta el vinagre.
Y aquí me tienen ahora, "puh",
con los bolsillos "pelaos,
sin "pega" en ninguna parte
y con el "hocico" "hinchao".
Y se me viene el problema:
"tovía" la estoy queriendo.
Los hombres, dije una vez,
piensan como hombres
y me estoy desconociendo.
La Rosa es mía o de "naide",
¿los prejuicios? ¡a la cresta!
y si a Don Guille tenerme,
de yerno, tanto le cuesta,
habrá que poner remedio
"al tiro" a esta situación,
yo no veo, p'a estas cosas, la diferencia
entre "empleao"y patrón.
Si me buscan " a la mala",
"güeno poh", a la mala bajo al vino,
y esto ya está "decidío"
por el único camino.
Cuando uno quiere "a la güena"
Dios sabe que no es desaire,
yo soy un roto 'e trabajo,
no le agacho el moño "a naiden",
así es que esta misma noche,
agarro "pingo" y "apero",
¡me robo a la Rosa, mierda,
ahí 'tá la madre 'el cordero!
Espero que al leer estas líneas tengan a la mano el vídeo que les envié, grabado el 21 de Noviembre de 2009 en La Cau Cau II, realizado por los intérpretes originales –después de 35 años- y cantados a capela. Desgraciadamente el formato de este blog no me permite cargar el vídeo, (Si alguien sabe cómo. Avisen).
jueves, 28 de enero de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
MAESTRO
De Luis Bárcena Giménez !AL MAESTRO !"
A don Filomeno Iquira Arratea
Luis Bárcena Giménez "El Gato"
Esta foto se salvó de milagro y está fechada enero de 1970 lo que indica que fue tomada al terminar la educación primaria en la escuela 937, para continuar la educación secundaria en el colegio Francisco Javier de Luna Pizarro.
Gracias a la profesora Lidice quien me enseñó en Lima a leer y escribir en 1964, llegué en el mes de mayo de 1965 a la ciudad de Arequipa con lo fundamental de la lecto – escritura. En esta ciudad ingresé a la Escuela Primaria de Varones Nº 937 del barrio de La Ranchería. Allí se hizo cargo de toda mi educación primaria don Filomeno Iquira Arratea. Si no hubiese sido por él, las cosas se me hubieran complicado en la secundaria, por lo que opino sin temor a equivocarme que el maestro (a) de primaria es el más importante en la formación de cualquier estudiante.
De mi poemario Cívico Patriótico “Canto Peruano” traslado este poema para dedicárselo a usted don Filomeno y por extensión a todos los maestros y maestras del Perú y ¿por qué no? ¡del mundo!
MAESTRO TÚ ERES MI GUÍA
Maestro, tú eres mi guía
desde la infancia mi amigo
te digo en este tu día
Maestro, ¡yo te bendigo!
Tú que me viste llegar
con mis pasos temblorosos
con mis gestos temerosos
y con ganas de llorar.
Tú que supiste forjar
para la paz, la porfía,
para el miedo, la osadía,
para el llanto, una canción,
te digo con devoción
Maestro, tú eres mi guía.
Tú que me viste nacer
a la luz de tus lecciones
cuando hacía mis borrones
y me costaba aprender.
Tú me inculcaste el deber
la verdad vino contigo
tus consejos son el trigo
que no olvidaré jamás
porque por siempre serás
desde la infancia mi amigo.
A ti que te vi asistir
a la escuela muy temprano
y con la tiza en la mano
las vocales escribir.
Tú que diste en tu vivir
tu firmeza y alegría
y al darme la trilogía
nombrando: Dios, Patria y Madre,
eres mi segundo padre
te digo en este tu día.
A ti que por ingratitudes
algunos no te valoran
y tu entrega no atesoran
sepultando tus virtudes.
Tú que en todas latitudes
en el aula eres abrigo
que si otorgas un castigo
sólo es para corregir
por esto quiero decir
maestro, ¡yo te bendigo!
© 1988 Luis Bárcena Giménez
A don Filomeno Iquira Arratea
Luis Bárcena Giménez "El Gato"
Esta foto se salvó de milagro y está fechada enero de 1970 lo que indica que fue tomada al terminar la educación primaria en la escuela 937, para continuar la educación secundaria en el colegio Francisco Javier de Luna Pizarro.
Gracias a la profesora Lidice quien me enseñó en Lima a leer y escribir en 1964, llegué en el mes de mayo de 1965 a la ciudad de Arequipa con lo fundamental de la lecto – escritura. En esta ciudad ingresé a la Escuela Primaria de Varones Nº 937 del barrio de La Ranchería. Allí se hizo cargo de toda mi educación primaria don Filomeno Iquira Arratea. Si no hubiese sido por él, las cosas se me hubieran complicado en la secundaria, por lo que opino sin temor a equivocarme que el maestro (a) de primaria es el más importante en la formación de cualquier estudiante.
De mi poemario Cívico Patriótico “Canto Peruano” traslado este poema para dedicárselo a usted don Filomeno y por extensión a todos los maestros y maestras del Perú y ¿por qué no? ¡del mundo!
MAESTRO TÚ ERES MI GUÍA
Maestro, tú eres mi guía
desde la infancia mi amigo
te digo en este tu día
Maestro, ¡yo te bendigo!
Tú que me viste llegar
con mis pasos temblorosos
con mis gestos temerosos
y con ganas de llorar.
Tú que supiste forjar
para la paz, la porfía,
para el miedo, la osadía,
para el llanto, una canción,
te digo con devoción
Maestro, tú eres mi guía.
Tú que me viste nacer
a la luz de tus lecciones
cuando hacía mis borrones
y me costaba aprender.
Tú me inculcaste el deber
la verdad vino contigo
tus consejos son el trigo
que no olvidaré jamás
porque por siempre serás
desde la infancia mi amigo.
A ti que te vi asistir
a la escuela muy temprano
y con la tiza en la mano
las vocales escribir.
Tú que diste en tu vivir
tu firmeza y alegría
y al darme la trilogía
nombrando: Dios, Patria y Madre,
eres mi segundo padre
te digo en este tu día.
A ti que por ingratitudes
algunos no te valoran
y tu entrega no atesoran
sepultando tus virtudes.
Tú que en todas latitudes
en el aula eres abrigo
que si otorgas un castigo
sólo es para corregir
por esto quiero decir
maestro, ¡yo te bendigo!
© 1988 Luis Bárcena Giménez
lunes, 25 de enero de 2010
GAMERO
Al profesor Asterio Gamero
Don Asterio Gamero Ramírez fue mi profesor y ¡qué profesor! en el primer año de educación secundaria. Era el único que tenía un timbre de voz muy especial con la que impartía sus clases (esto ya lo comentó Saúl Solari) pero insisto, porque esa voz, no la he vuelto a escuchar en otra persona del Perú ni otros lugares del mundo donde he estado, sin embargo, yo la puedo escuchar cuando me acuerdo de él.
La última vez que lo vi fue en el año 1988 cuando fui a promocionar el libro de mi autoría “Canto Peruano” y ni bien mirarme, después de 14 años, se me adelantó y me dijo: ¡Bárcena!
Puedo asegurar que así como me reconoció, puede reconocer a cualquiera de sus ex – alumnos, porque, con todo respeto: “es un caballo con memoria de elefante”.
AL PROFESOR ASTERIO GAMERO
Yo sé profesor Asterio
lo que dijo y el por qué
por tanto lo aclararé
para que acabe el misterio:
Quien hace un buen magisterio
siempre vive en el ocaso
que en el Perú a campo raso
mezclan de cualquier manera
los caballos de carrera
con los caballos de paso.
Luis Bárcena Giménez
Don Asterio Gamero Ramírez fue mi profesor y ¡qué profesor! en el primer año de educación secundaria. Era el único que tenía un timbre de voz muy especial con la que impartía sus clases (esto ya lo comentó Saúl Solari) pero insisto, porque esa voz, no la he vuelto a escuchar en otra persona del Perú ni otros lugares del mundo donde he estado, sin embargo, yo la puedo escuchar cuando me acuerdo de él.
La última vez que lo vi fue en el año 1988 cuando fui a promocionar el libro de mi autoría “Canto Peruano” y ni bien mirarme, después de 14 años, se me adelantó y me dijo: ¡Bárcena!
Puedo asegurar que así como me reconoció, puede reconocer a cualquiera de sus ex – alumnos, porque, con todo respeto: “es un caballo con memoria de elefante”.
AL PROFESOR ASTERIO GAMERO
Yo sé profesor Asterio
lo que dijo y el por qué
por tanto lo aclararé
para que acabe el misterio:
Quien hace un buen magisterio
siempre vive en el ocaso
que en el Perú a campo raso
mezclan de cualquier manera
los caballos de carrera
con los caballos de paso.
Luis Bárcena Giménez
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